La mayoría de nosotros va por el mundo con ciertos miedos, siempre con esos ligeros nervios constantes, con un toque continuado de leve ansiedad. Vivimos nuestras vidas como niños que juegan al escondite, queriendo ser descubiertos, pero esperando también a no ser vistos, y mordiéndonos las uñas esperando el desenlace. Leer artículo.